El Rey de las Aguas

Al día siguiente, se dirigió al río del Rey de las Aguas. Una vez allí, cortando matojos en el borde del río, simuló que su preciosa azada, recién comprada, se le caía al río.
Al poco tiempo empezaron a salir burbujas en el medio del río y cada vez más. De repente, se alzó una gran masa de agua con forma de hombre. Era el rey de las Aguas. Sacó su azada y le preguntó con una voz grave:
-¿Es la tuya?
El campesino, decepcionado, con esperanza de que le sacara la azada de oro, respondió:
-¡No no, esa no es la mía!
El rey de las aguas ya sabía de que iba la cosa y sacándole una de plata le preguntó:
-¿Tampoco es esta?
Contestó de nuevo el campesino:
-No, señor, la mía es más valiosa.
El rey de las aguas, muy enfurecido pero disimulándolo, le sacó la de oro, y a continuación le preguntó:
-¿Es esta?
El campesino, muy contento de que iba a conseguir lo que esperaba, respondió:
-¡Sí, esa es!
Y el Rey de las Aguas, muy enfurecido, le quitó la suya y le obligó a que, durante mucho tiempo, durante las 24 horas del día, a fabricar azadas para todo el mundo.


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